
Dos féretros vuelven cubiertos con la bandera nacional desde Afganistán, eso me produce tristeza, pero esa condolecia por el fallecimiento de estos dos miembros de nuestro cuerpo expedicionario en el antiguo santuario de los talibanes, también me produce rabia por la forma en que se produce, de noche y casi de tapadillo, un nuevo modelo de honras fúnebres puesto de moda por el gobierno socialista.
Alguien me podrá decir que se ha celebrado el funeral con toda la plana mayor del gobierno y en presencia de los Reyes de España, pero esa imagen no puede quitar de mi retina el casi esperpéntico, vergonzoso y frio recibimiento que se les dió a los cadáveres de estos dos valientes, de madrugada y sin la presencia del presidente del gobierno.
Quizás con esta rapidez se pretenda ocultar a la opinión pública lo que ya denunció el Partido Popular hace meses, que en la actualidad hay miembros de nuestras Fuerzas Armadas desperdigados por todos los confines del mundo, lo que choca con ese pacifismo militante y casposo del que hace gala Zapatero y todos sus acólitos, me parece tremendamente mezquino y cobarde, muy natural en este tipejo, desde luego.
Que diferencia con otros paises, donde cuando suceden tan tristes acontecimientos los protagonistas son recibidos con todos los honores y sus compatriotas se vuelcan en el recuerdo de los caidos y en el aliento a sus familias.
El Ejército no es una ONG, ni un club de scouts, por mucho que la publicidad institucional haya querido simularlo para paliar la falta de atractivo que supone para la juventud unas Fuerzas Armadas con una infíma retribución económica y unas escasas salidas profesionales.
Pero por encima de todo eso, por encima del alto grado de inmigración que pueblan nuestros cuarteles buscando un sustento mínimo y alejados de cualquier vocación castrense o de servicio a sus ideales, el Ejército es algo más, muy por encima de un gobierno que ningunea a sus caidos, de un sistema que no honra como se merecen a sus muertos y que no conciencia a la ciudadanía de las altas esencias de las que es depositario, mientras esta mentalidad no cambié sus muertos seguirán siendo tristes secundarios de una opereta que se monta sin ningún convencimiento, y seguirán llegando sus ataudes siempre de noche.