
Inicitiva a todas luces ilegal en base a la misma Constitución que denigrada por él y manoseada por otros, le posibilita ser presidente de una Comunidad Autónoma y disfrutar de las mayores cotas de autogobierno que jamás soñase Sabino Arana en sus noches de delirios raciales, y encima con sueldo de postín.
El digno sucesor del ilustre Arzallus, el jesuita separatista, el presidente de los vascos y las vascas, pero sólo de los que piensan como él (el resto no existen o son quintacolumnistas de la perfida España) debe de tener su punto de ilusionista. Aún resuenan en el Congreso de los Diputados los ecos de su último desafio institucional, por lo visto nos ofrecerá uno como mínimo en cada legislatura.
Ahora nos presenta la pantomima del referéndum, una ofensa a la inteligencia más elemental. Zapatero le dice con la boca pequeña que no, mientras Pachi habla de nación vasca sin rubor y Gallardón, el efébo de Fraga, habla de acercamientos con los separatistas y hacerles participes de un proyecto global español, de risa, pero risa esquizofrénica.
En la imagen el parlamentario popular Santiago Abascal rompiendo la papeleta del Lehendakari.