26 agosto 2010

El padre infartos y Le Président


Si esto sucede en España, la sorna popular poco habría tardado en bautizar al padre Arthur con un apodo parecido al que propongo.

La política migratoria y de seguridad del presidente francés Nicolás Sarkozy da casi tanto de que hablar como su primera dama. La última expulsión de inmigrantes ilegales de origen calé ha suscitado los habituales reproches y críticas pero ha conseguido algo más, la particular admonición del sacerdote católico que ha revelado el objeto de sus plegarias el cual no es otro que obtener del más allá un infarto que azote el enamoradizo corazón del Jefe de Estado del vecino país.

No deja de ser chocante la noticia, bastante alejada de la tradicional caridad cristiana, y es que el padre infartos, condecorado en varias ocasiones por su dedicación a colectivos desfavorecidos, lejos de poner la otra mejilla no ha dudado en erigirse paladin de la justicia divina, cual Rey Salomón, dictándo tan peculiar sentencia.

Cuando era joven los curas enseñaban aquello de a amarás al señor tu Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo. No sé si estamos ante el penúltimo coletazo de la Teología de la Liberación, aquella de los curas guerrilleros que cambiaban la sotána por la AK47, o simplemente ante un exceso pasional del padre Arthur. Si se me permite la licencia y adaptánto la cita bíblica, señor perdónale porque no sabe lo que dice.