21 agosto 2006

La reforma constitucional o el viaje sin destino

N. del A.: El artículo que aquí reproduzco data de octubre de 2004, y se elaboró a petición de un buen amigo, cuando alejados aún de aventuras estutarias, helicópteros que misteriosamente son derrumbados por una ola de aire, o los incendios provocados por el lanzallamas que Fraga guarda del frente del Ebro, no eran temas que preocupaban al Ejecutivo Paritario, en esa época les dió por reformar la Constitución. Aunque ahora el tema no es tan actual, quién sabe lo que el futuro curso político puede dar de sí, en cualquier caso, y a petición de una amistad anónima, lo incluyo, confiando en que sea del gusto del respetable. Los "sics" son llamadas de atención sobre polémicas actuales, que ya figuraban en el texto original, son el único añadido posterior.

La historia constitucional de España es bastante tortuosa, desde aquella constitución gaditana de 1812, “La Pepa” como vulgarmente se popularizó, hasta la actual de 1978 se han jalonado, a caballo entre dos siglos, variados textos fundamentales, conservadores unos, progresistas otros, muchas constituciones y un solo punto en común: media España imponía a la otra una constitución, de ahí a las guerras civiles o a la revolución de turno, monarquía hoy, republica mañana...

En 1978 parecía que algo había cambiado, la izquierda para reconciliarse con la democracia, se moderó y aceptó la corona y la bandera bicolor (sic) , la derecha civilizada y cabal asumió la muerte del General Franco y quiso mirar hacia delante y el centro-derecha tomo las riendas para conducir a España desde un régimen autoritario a una monarquía parlamentaria y democrática desde la reforma de las instituciones preexistentes.

Opinión de moderado reconocimiento a la labor de nuestra Constitución y al elemento que considero más importante de todos; ha sido la primera Constitución Española que ha juntado a las dos Españas, nadie la impuso a nadie, fue verdaderamente un texto fruto del acuerdo, del consenso como dicen ahora.

Nuestro zetapé y sus socios ya han convertido en un clásico, y han conseguido que así se asuma en la calle, la necesidad de una reforma constitucional, y es que José Luis es un gran estadista, no tiene bastante con bregar con 17 presidentes autonómicos, ser amiguito de franceses y alemanes, discursear en la ONU, poner boca arriba el sistema educativo, enfrentar a los españoles con el tema del agua si, agua no, agua a lo mejor... en fin, lo dicho, un hombre con su profundo sentido de Estado y con una mayoría tan holgada en el Congreso necesitaba como agua de mayo una reforma constituyente.

Ya ha declarado el Jefe del Ejecutivo que la labor durará entre cinco o seis años, y a priori quien duda de la gran necesidad de introducir los nombres de las Comunidades Autónomas en la Constitución o una mención al Tratado Constitucional Europeo, por cierto el Tribunal Constitucional ya se ha pronunciado al respecto y considera innecesario la reforma de la Carta del 78 para introducir la referencia a la nueva norma comunitaria; lo dicho, él sabe de lo que habla. Y ya ha mandado a su Vicepresidenta, esa que siempre sale en el telediario de la uno, que se reúna con los diputados socialistas para calentar motores, la cosa va en serio y de Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso parece que Alfonso Guerra, ¿quien da más?

El espectáculo de lo que zetapé llama “reforma limitada” acometería las áreas de igualación del hombre y mujer en la línea sucesoria en la Jefatura del Estado; ampliación del papel del Senado; inclusión nominal de las autonomías y referencia a la Constitución Europea. Y no digo yo que no sean temas susceptibles de una actualización de nuestra Norma Normarum, lo que me preocupa y mucho es que una vez abierto el melón Rovira, Maragall y otros se emocionen, y aprovechando su situación, o sus escaños para decirlo mas claro, propongan otros temas como parece ser que sucedería: el derecho al voto para los inmigrantes (sic) , el divorcio para los nuevos tipos de matrimonio que se han sacado de la chistera, la supresión del art 8º en el que se otorga al Ejercito el titulo de garante de la integridad territorial y soberanía del Estado, la posibilidad de federación entre autonomías, conciertos económicos para las regiones leales al régimen, etc...

El Partido Popular ya ha dicho por boca de su presidente, Mariano Rajoy, que no se opone a la reforma, pero considera condición imprescindible (y bastante coherente) fijar el ámbito y los limites, porque no decirlo, del proceso de modificación antes de iniciarlo.

Y es que no debemos perder de vista el gran poder de bloqueo que tiene la oposición si sabe jugar bien sus cartas, el art. 167 CE exige mayoría de tres quintos en cada cámara, es decir que 140 diputados o 103 senadores pueden echar el frenazo si la cosa se desboca, pero hay más, como la reforma limitada prevé tocar el Titulo Preliminar o el Segundo la mencionada mayoría se endurece hasta los dos tercios por cada cámara, o sea que los votos populares son indispensables para bailar el zapateado propuesto. Además, la reforma necesitaría también ser avalada por referéndum nacional y ratificada por idénticas mayorías en las cortes elegidas al finalizar el mandato constituyente.

El camino es largo y complicado, hace falta un Gobierno con iniciativa y con independencia para promover una reforma que convenza a la totalidad de la sociedad, un PSOE que no olvide que la “e” de sus siglas es de español (sic) , una oposición responsable y que ofrezca al Ejecutivo acuerdos en temas cruciales sin perder el rumbo de la concepción de Estado que defienden, y una ciudadanía que por encima de todo demande que si hay reforma constitucional ésta deba contar con el mismo apoyo y consenso con que en 1978 se aprobó la actual Carta Magna, la misma que si bien reconoce la autonomía de todas las regiones las ampara y cobija bajo la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos.